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Errante

Errante
Dibujo de Manuel Valera

vendredi 22 juin 2007

Un Concierto con Andy Narell Steelband Project

Increíble.
El sonido que sale de las "steel pans" es único; imaginar una marimba metálica, sin palos, sólo un espacio cóncavo con relieves tallados por el golpe que genera la música, como huellas.
La música de Narell no tiene clasificación exacta, es una combinación de ritmos africanos, latinos, de caribe; el jazz permitiendo el dialogo. Es música impregnada de color, de belleza. Estoy en primera línea sentado en un piso adoquinado de un edificio antiguo, con un patio donde asoma el cielo. Allá arriba nos envidian.

Andy Narell perteneció al Caribbean Jazz Project con Paquito d'Rivera. También ha tocado con Chucho Valdés, Aretha Franklin, Tito Puente, Marcus Miller y Angelique Kidjo, demostrando su increíble y genial versatilidad.

Ahí los dejo con el sonido.

lundi 18 juin 2007

Ella Baila Sola

Cuando? Se pregunta sentada en la barra solitaria del bar, que suele llamarse Noche. Una barra llena de bebidas con todos los colores posibles. En cada vaso se distingue la huella labial que en intervalos casi regulares se aproxima hacia la boca de vidrio por un poco de licor, diversificado en presentaciones exóticas, con nombres orgásmicos y de islas. Nombres de personas en la mezcla de una bebida compuesta de jugos de frutas con licores que han pasado parte de su vida en robles viejos. Hay otros de dudosa procedencia.

El alcohol sube poco a poco, y las cosas en ese momento parecen ir quedándose atrás; en el sofá viejo de la casa, un sofá roto y que ha sido guardado en el sótano. No se bota este sofá porque hace parte de muchos recuerdos, pero se mantiene escondido, para no verlo continuamente, para no recordar siempre. No es bueno recordar, no es bueno olvidar.

Las cosas, los sentimientos toman otro color con el alcohol, de pronto se siente el cuerpo libre y desaparece la sensación de advertirse observado por esos ojos de juicio que sin decirlo, desaprueban lo que se es y lo que no. Esa es la ventaja de los ojos: que no necesitan boca. Entonces la música, como siempre, sube también por el cuerpo y se mezcla con las trazas de alcohol. En la Noche hay un espacio que podría ser una pequeña tarima de baile. No lo es, en el sentido estricto, pues son pocos los que bailan. Hoy Maya se siente libre, mira la potencial tarima, bordeada por unas cuantas mesas vacías, la música se ha apoderado de ella, se dirige a la pista y empieza a bailar, como nunca lo había hecho antes, creando un mundo que es soló de ella, es un mundo lejano al lugar, así que las miradas no la tocan. Maya baila al ritmo suave de un bolero que habla de la partida y del fin de todo al siguiente amanecer. El fin.

Mientras baila, Maya no puede dejar de pensar en Carla y la extraña.

jeudi 14 juin 2007

Las Manos

Las manos. Ágiles manos flotando en el aire, indicando el ritmo, el tiempo. Frágiles en su movimiento como si fueran a desprenderse de la muñeca.
Hay tanta gente, pero sobresalen las manos, unas que tienen delgados dedos y se pasean suavemente por la nada, la nada ocupada de miradas a esas manos. También está el canto; muchas voces sincronizadas. Es un unísono de múltiples voces, dirigidas por unas manos. En la noche, la esquina es ocupada por una joven pareja que suelen reunirse ahí; en la oscuridad, donde la penumbra es celestina. Los ojos están en todas partes, los ojos del pensamiento hacia la araña, el café, la sombra y un árbol que no descansa, siempre vigila, siempre lo hace, por voluntad, porque así ha sido siempre; el vigía de la calle solitaria en la que ya no pasan niños con sus caballitos de madera y sus carritos amarrados a una cuerda, como mi carro mágico, impulsado por una piola de nylon que amarraba a uno de mis pies para que el carrito me siguiera con el halo de una fuerza invisible. Donde estará el carrito, la cuerda de nylon?
RMT



mercredi 13 juin 2007

La Boca de Mérode

He visto la boca de la señorita de Mérode, a los quince años -boca ancha, ávida, curiosa- y la veo hoy. Ya no es la misma. Se ha estrechado, cerrado, contraido, como la de una persona engreida, satisfecha, a la que ya no se le puede enseñar nada. Se ve fatiga y un comienzo de cansancio en esta boca voluptuosa y bonita. Y tambien tristeza. Tomado del libro el Danubio (Claudio Magris).